Volver al Espíritu. Vivir a Cristo

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NUESTRO PROPÓSITO

Estamos cerca de que se cumplan 2000 años de la muerte del Cordero de Dios, no conocemos
con certeza cuándo es su segunda venida, pero creemos que está próxima. Todas las señales descritas
en Mateo 24 se están cumpliendo de manera inexorable, pero es necesario que el Evangelio del reino
sea predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones para que venga el fin. Nuestro
propósito es cooperar con la predicación del evangelio del reino a todo el mundo, dando testimonio
que el reino de los cielos ha venido y que nuestro Señor está recobrando todo lo que es de Él y fue
usurpado por el adversario. Por otro lado y en esto queremos hacer hincapié, estamos sostenidos por
muchas generaciones de preciosos hermanos, en diferentes latitudes y tiempos que ofrendaron sus
vidas para que tengamos hoy las riquezas contenidas en las escrituras, que son nuestra herencia y que
encierran todos los tesoros del universo, cuanto más las conocemos, más y más riquezas vamos
extrayendo. Cuanto más las compartimos más se multiplican. Así es Dios, que es inagotable en sus
riquezas, por lo que queremos alcanzar hasta lo último del mundo con el evangelio completo, el
Evangelio del reino, un evangelio no adulterado, sin hacer énfasis en los rudimentos de la fe.
El Señor Jesús es Dios hecho hombre, el Verbo que era de eternidad en eternidad, como
recalca el evangelio de Juan en su primer verso, porque en el principio ya era el Verbo, éste Verbo del
cual proviene todo, se hizo carne, se hizo hombre y habitó entre nosotros, éste Verbo que es el Espíritu
y que es Dios mismo, utilizó el principio de la encarnación para hablarnos Palabras de vida eterna y el
mismo principio continuó con los apóstoles y ha continuado en todas las épocas en su iglesia, en el
remanente fiel. Los Apóstoles bajo la unción del Espíritu escribieron las palabras que Él nos legó y
fueron el contenido del Nuevo Pacto. La Palabra contenida en el Nuevo Pacto necesita ser revelada
en nuestro interior, no es suficiente leerla con entendimiento, aunque es necesario hacerlo, es
necesario además que la Persona viviente en nuestro interior nos la revele. Esta Palabra revelada en
cada uno de nosotros actúa como lo hace el alimento físico en nuestro cuerpo, de tal manera que
finalmente es nuestra constitución. Como dice el Apostol Pedro en su primera epístola, somos
participantes de Su naturaleza divina por medio de su Palabra viva. Éste es el Evangelio del reino, el
Rey celestial haciendo morada en nosotros, porque donde está el Rey está su reino. El reino de Dios
ha llegado a nosotros de tal manera que nosotros somos parte del mismo.
Por todo lo expresado queremos que el evangelio completo sea predicado hasta lo último en el
mundo como testimonio a las naciones y alcancemos el final de los tiempos.
Lo invitamos y deseamos de todo corazón que usted sea parte de este elevado propósito.
Tenga la certeza que toda la ayuda que nosotros recibamos será empleada absolutamente en la
predicación del Evangelio.
Que el Señor lo bendiga con toda bendición espiritual en los lugares celestiales con Cristo.


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ESPIRITU MEZCLADO
SEMANA 1 – LUNES

Ef. 1:5 Predestinándonos para filiación por medio de Jesucristo para Sí mismo, según el beneplácito de Su voluntad.
Jn. 14:20 En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros.
Cuando hablamos de la voluntad de Dios, debemos ver que esto está ligado al deseo que Él tiene en Su corazón. Efesios 1:5-12 se habla acerca de la voluntad de Dios. Dice que Dios en la eternidad tuvo un plan, el cual concuerda con Su beneplácito. A fin de lograr Su deseo, Dios tiene un plan que se propuso llevar a cabo para alcanzar Su meta. Este propósito es Su voluntad.
Puesto que la voluntad de Dios es el deseo que Él tiene en Su corazón, debemos conocer en qué consiste este deseo. Es la mezcla de Dios con el hombre. Mezclarse con el hombre es el deseo de Dios y también Su voluntad. Dios en la eternidad planeó, según el deseo de Su corazón, para alcanzar Su meta el mezclarse con el hombre. Dios tiene esta voluntad en el universo: forjarse en el hombre y mezclarse con él. Su creación, redención, santificación y otros aspectos de Su obra sirven para este único propósito. Éste es el único deseo que Él tiene en Su corazón en el universo; es la única meta y el principio básico de toda Su obra en el Nuevo Testamento.
Por lo tanto, si deseamos conocer la voluntad de Dios en cualquier situación, debemos asegurarnos de que tal situación es propicia para la mezcla de Su persona con nosotros.
La vida que llevó nuestro Señor Jesús en la tierra es la expresión perfecta de este principio. El Señor dijo: "He aquí que vengo … para hacer Tu voluntad" (He. 10:7, 9), y "porque no busco Mi propia voluntad, sino la voluntad del que me envió" (Jn. 5:30) … Todo lo relacionado con la vida del Señor en esta tierra era la voluntad de Dios.
Sin embargo, Él también dijo: "Las palabras que yo os hablo, no las hablo por Mi propia cuenta, sino que el Padre que permanece en Mí, Él hace Sus obras" (Jn. 14:10). Esto significa que mientras estuvo en esta tierra, Sus palabras, Sus acciones y todo Su vivir no se originaron en Sí mismo, sino en el Padre, quien moraba en Él, quien estaba mezclado con Él, y quien obraba a través de Él.
En estas tres citas de la Escritura vemos que la vida del Señor en esta tierra fue una vida en obediencia a la voluntad de Dios y una vida que era producto de la mezcla de Dios con el hombre.
La encarnación de Cristo simplemente denota la mezcla de Dios con la humanidad. Mezclar significa mucho más que simplemente combinar varios elementos, pues denota una unión intrínseca. En toda la historia de la humanidad nunca antes había sucedido algo semejante. Por cuatro mil años, no se produjo ninguna mezcla entre Dios y el hombre. Por supuesto, el hombre se había relacionado con Dios, y en algunas ocasiones Dios tuvo contacto con el hombre; no obstante, ambos seguían siendo dos entidades separadas. Sin embargo, cuando Cristo nació como hombre … el niño que nació fue llamado Dios fuerte (Is. 9:6) … El Dios todopoderoso como hombre… Esto se cumplió en Jesucristo, y esto es precisamente lo que Dios desea hacer con usted y conmigo: Él desea mezclarse con nosotros.Los creyentes son hijos de Dios, lo cual implica la regeneración, un nuevo nacimiento. La concepción siempre precede al Nacimiento. Ser hijos de Dios significa que hemos nacido de Dios. Cuando nacemos de Dios, su Espíritu se ha infundido en nuestro espíritu, en nuestro Espíritu humano habita, mora Su Espíritu, nos mezclamos con Él. Esto implica mucho más que una mezcla. Él fue concebido en nosotros y nosotros nacimos de Él, y así llegamos a ser hijos Suyos.Ahora, nosotros que nacimos de Dios, necesitamos comerlo y beberlo. Todo lo que comemos y digerimos es asimilado por nuestro organismo y se mezcla con nosotros. El Señor se comparó con el alimento que comemos, digerimos y asimilamos. Una falta de conocimiento profundo y pleno de las escrituras puede llevarnos a oponernos a la enseñanza de que los creyentes se mezclan con Dios, y esto por carecer del conocimiento adecuado. Necesitamos entender que cuando nos convertimos, por medio de la fe del Hijo, Dios es concebido en nosotros y que nacimos de Él. A partir de ese momento, se produjo una unión maravillosa entre Dios y el hombre, entre lo divino y lo humano. Luego, después de nuestro nacimiento espiritual, necesitamos nutrirnos de Dios cada día.
El Dios Triuno se mezcla con nosotros y nosotros con Él día tras día, comiéndolo como nuestro alimento y nuestra bebida.
El propósito de Dios, el cual es único, consiste en que Él se mezcle con nosotros para llegar a ser nuestra vida, nuestra naturaleza, nuestro elemento, para que nosotros lleguemos a ser su expresión.

ESPIRITU MEZCLADO
SEMANA 1 – MARTES

Ef. 1:22-23 Y sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su Cuerpo. La plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Col. 2:19 …Asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el Cuerpo, recibiendo el rico suministro y siendo entrelazado por medio de las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento d (que da) Dios.La iglesia es el agrandamiento de la mezcla de Dios con el hombre, el agrandamiento de Cristo. Si no se da la mezcla de Dios con el hombre y del hombre con Dios, la iglesia no puede llegar a existir. Pese a que muchos creyentes poseen la vida divina, esta mezcla no se ve en su vivir; entre ellos no se ve la expresión práctica de la mezcla de Dios con el hombre. Creo que nos resulta más fácil entender el Cuerpo de Cristo desde la perspectiva de la mezcla de Dios con el hombre. Es posible que hayamos sido verdaderamente salvos y que estemos sirviendo al Señor fervorosamente y cuidando diligentemente de la iglesia; al mismo tiempo es posible que entre nosotros no se dé la mezcla de Dios con el hombre.
Muchos hijos de Dios predican el evangelio con mucho fervor, pero entre ellos no se da la mezcla de Dios y el hombre; en lugar de ello, lo único que vemos es el celo y la diligencia humanas. Predican el evangelio por sí mismos, y el elemento de Dios no está presente en su predicación. Aunque es posible que hablen de Dios mientras predican, sus palabras y acciones únicamente podrían contener el elemento humano y no el elemento divino.
Dios vino a la tierra como hombre, se mezcló con el hombre. Jesucristo. Por consiguiente, en Jesucristo se dio al inicio la mezcla de Dios con el hombre. Esta mezcla hizo posible que el Cuerpo de Cristo, que es la iglesia, fuera producido. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, la iglesia. La iglesia, es Su agrandamiento, el Cuerpo de Cristo.
Dios es una persona, y a la vez, Jesús, Dios hecho hombre. En Hechos, se ve el agrandamiento de la mezcla de Dios con el hombre, el Cuerpo de Cristo, en los hechos de cinco libros del Nuevo Testamento nos proveen un cuadro muy claro de una persona extraordinaria. Los cuatro Evangelios nos muestran a esta persona extraordinaria, y el libro de Hechos nos muestra el agrandamiento de dicha persona.
Debemos considerar el libro de Hechos junto con los Evangelios a fin de poder ver a un hombre completo, la Cabeza y el Cuerpo. Éste es un hombre misterioso, un hombre universal, quien es Dios y a la vez hombre, y hombre y a la vez Dios. Él también es la mezcla de la divinidad con la humanidad. En Hechos, Cristo como la Cabeza está en los cielos, mientras que el Cuerpo que Él produjo está en la tierra. Necesitamos tener ojos espirituales para poder ver que esta persona extraordinaria, quien es la Cabeza, está en los cielos, y que Su Cuerpo está en la tierra. Sin embargo, la Cabeza no está separada del Cuerpo; antes bien, en este universo, ambos están conectados desde los cielos con la tierra y desde la tierra con los cielos. El libro de Hechos contiene el relato del agrandamiento y continuación de la mezcla de Dios con el hombre. Cristo no es meramente una persona junto con un grupo de colegas Suyos, sino que es la Cabeza con el Cuerpo.
Todas las Escrituras nos revelan estas dos obras de Dios: la obra de creación, y la obra de edificación, en la que Dios se forja en el hombre y el hombre es forjado en Dios. El edificio de Dios consiste, pues, en la mezcla de la divinidad y la humanidad. Por tanto, al final de las Escrituras encontramos una ciudad, el edificio de Dios con todos aquellos que es la mezcla de Dios con todos Sus redimidos, quienes juntos constituyen un vaso que tiene a Dios mismo como contenido. Ellos se han mezclado plenamente con Dios y están llenos de Él. En esto consiste la mezcla de Dios con el hombre, a saber, el edificio de Dios.La Nueva Jerusalén es el resultado completo de la mezcla del Dios Triuno con Sus criaturas redimidas, es decir, de la mezcla de la divinidad con la humanidad. Ahora Dios ya no está separado del hombre; este está fuera del hombre, sino que Él es uno con el hombre.


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